Unidad en lo común

Untitledo

Cuando asistimos a oficios litúrgicos en las parroquias o grandes templos, normalmente, al menos en mi caso, nos encontramos con personas que asisten a las celebraciones individualmente. No solo no nos conocemos entre nosotros, sino que, ademas, solemos vivir los ritos como si el resto de gente presente no existiera. ¿Qué código debería utilizar un artista para hablar a una comunidad formada por personas que, aparentemente, tienen poco en común?

En primer lugar hay que decir que esta falta de unidad comunitaria que vemos en las parroquias no debería existir. De hecho, esta falta de unidad es indicativa de la pobreza de la comunidad, pues es poco lo “común” y poca la “unidad”. En el catecismo podemos leer que “la parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas” (2226), y en la ya mencionada Sacrosanctum Concilium, se menciona explícitamente que “siempre
que los ritos, según la naturaleza propia de cada uno, admitan una celebración común, con asistencia y participación activa de los fieles, hay que inculcar que ésta debe ser preferida, en cuanto sea posible, a una celebración individual y casi privada” (SC 27). Por ultimo, en varios pasajes del Nuevo Testamento (Hch 2, 42-46; 1 Co 11, 17; Hb 10, 25) podemos leer como vivían las primeras comunidades cristianas, y comprobar que el ideal de las mismas se aleja mucho de la realidad actual.

Sin duda, el arte creado para una comunidad solida será mas rico y valioso, porque serán muchos los rasgos compartidos entre sus integrantes, y acogerán la obra como algo propio. Por ejemplo, los miembros de una orden religiosa comparten, entre otras cosas, una espiritualidad propia de la orden, un fundador o fundadora, y la historia de la propia orden. Esto permite al artista recoger una gran diversidad de elementos que forman parte de la identidad histórica y presente del destinatario de la obra.

No obstante, en cualquier caso, incluso una parroquia aparentemente desintegrada tiene mas en común de lo que pudiera parecer a primera vista. Lo mas importante es que esa parroquia es Iglesia, con todo lo que ello supone, pero, además, está situada en unas coordenadas espacio-temporales que define su identidad histórica.

Como es evidente, a través de los siglos se han ido desarrollando diferentes elementos artísticos en las diferentes sociedades, y durante el desarrollo, algunos de esos elementos han sedimentado y otros no, formando una más o menos difusa identidad artística diferente en cada sociedad. Por ejemplo, las imágenes mentales que se formarían asistentes habituales a esa hipotética “parroquia desintegrada” al pensar en la Virgen serían muy distintas de las imágenes mentales de dos cristianos etíopes del siglo XII. Esta identidad artística de la comunidad no es algo cerrado y rígido, sino algo en continuo movimiento, pero no por ello hay que desecharla, sino que hay que intentar conocerla lo mejor posible para poder dar un mejor servicio a través del arte.

Imagen, El Beso de Judas, Osamu Tanimoto.

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