Una base para el arte sacro del tercer milenio.

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¿El arte sacro está en crisis? 

El espíritu de la liturgia es una obra clave para entender la postura del actual Papa ante el arte sacro representativo. En el capitulo titulado “La cuestión de las imágenes”, tras un acercamiento al tema a través del arte de los iconos, hace un brevísimo y esencial repaso histórico del arte sacro occidental hasta llegar a nuestros días. 

“Actualmente somos testigos no sólo de una crisis del arte sacro, sino de una crisis del arte en general, de proporciones antes desconocidas”. El origen de esta crisis, que no es sino un “síntoma de la crisis de la existencia humanalo sitúa en la Ilustración, cuando se “marginó a la fe en una especie de gueto intelectual y social”, dando como resultado “una nueva iconoclastia que a menudo se llegó a considerar como un mandato del Concilio Vaticano II”.

Respecto a esto último, cabe señalar que en los últimos años se están haciendo relecturas de los textos del Concilio, que revelan que los mismos se han malinterpretado hasta llevar, a veces, a entender justo lo contrario.

Por último, el entonces cardenal propone cinco puntos, cinco “principios fundamentales de un arte asociado a la liturgia“, sobre los que avanzar en el terreno del arte sacro, que aquí resumo:

1. “La ausencia total de imágenes no es compatible con la fe en la Encarnación de Dios”. “La iconoclastia no es una opción cristiana”.

2. “El arte sagrado encuentra sus contenidos en las imágenes de la historia de la salvación, comenzando por la creación, desde el primer día, hasta el octavo: el día de la resurrección y de la segunda venida, en el que se consuma la línea de la historia cerrando el círculo.”

3. “La historia llega a ser sacramento en Jesucristo, que es la fuente de los sacramentos. Por esto mismo, la imagen de Cristo es el centro del arte figurativo sagrado.”

4. El cometido de las imagenes cristianas consiste en “llevar más allá de lo constatable desde el punto de vista material, consiste en despertar los sentidos internos y enseñar una nueva forma de mirar que perciba lo invisible en lo visible.”

5. La Iglesia de Occidente no puede renegar de su tradición histórica. “El arte sacro no puede ser el ámbito de la pura arbitrariedad. Las formas artísticas que niegan la presencia del Logos en la realidad y fijan la atención del hombre en la apariencia sensible, no pueden conciliarse con el sentido de la imagen en la Iglesia. De la subjetividad aislada no puede surgir el arte sacro. El arte sacro presupone, más bien, el sujeto interiormente formado en la Iglesia, y abierto al nosotros. Sólo de este modo el arte hace visible la fe común, y vuelve a hablar al corazón creyente (…). El arte sacro está bajo el imperativo de la Segunda Carta a los Corintios: con la mirada puesta en el Señor «nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; así es como actúa el Señor, que es Espíritu» (3,18).”

El resto del texto puedes consultarlo aquí.

(“La cuestión de las imágenes”, RATZINGER, J., El espíritu de la liturgia, Cristiandad 2001, pp. 137-157)

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